Jozami, Eduardo

Eduardo Jozami no se supo escritor con sus poemas de adolescencia. De hecho, no escribió ninguno, aunque admitir esto no ayude a completar un perfil marketinero de autor. Los poemas se los dieron Machado y su compañero de militancia Juan Gelman, y los leyó una y otra vez cuando más le hicieron falta: en la cárcel, donde finalmente sintió que el de escritor era uno de sus tantos oficios. Preso legal de la dictadura, su suerte dependía del comité militar, al igual que los detenidos clandestinamente; primero estuvo en La Plata, conocido después como el pabellón de la muerte, luego en Caseros y luego en Sierra Chica. Una de las pocas cosas que podía hacer sin grandes limitaciones era escribir: leer y escribir. En parte su ejercicio era una necesidad de volcar angustias y pensamientos del encierro, que paradójicamente excitaban cierta imaginación y ganas de hacer cosas, como forma también de hasta mantener la cordura y no perderse en la soledad de la celda y de los años. Periodista y abogado desde los 21 años, a comienzos de los años 60, activista político y sindical desde entonces, dice que en aquellos tiempos“cuando la política lo invadía todo” la militancia y la acción eran fundamentales. Más de una década después, en aquella celda sin rejas y con una ventana que era el sol, supo que no podía hacer otra cosa más importante que no fuera escribir. Entonces empezó a pensar las cosas del mundo como temas de escritura. Eso operó una transformación definitiva que trascendió con creces los muros de la dictadura genocida. A 35 años de haber recuperado su libertad, Eduardo Jozami escribe “El Conflicto que Perdura”, un texto que pone en tensión las grandes contradicciones argentinas yendo a la génesis y siguiendo el devenir de las corrientes que configuraron el pensamiento nacional. Una historización imprescindible hecha por un apasionado del Siglo XIX y un protagonista directo de la historia reciente.

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